Por un lado, creo que Colombia debería respaldar la derogación de la Constitución que ha requerido su presidente, Álvaro Uribe, para que pueda ser reelecto en la presidencia de aquella nación. Creo esto por que Uribe ha logrado equilibrar un país que, hasta hace poco tiempo, estaba en una completa catástrofe. Creo que un país debe respaldar a una persona que ha logrado “convertir” un país en una nación. ¿No es lo mismo país y nación? Según mi pensar, no. Son dos elementos absolutamente diferentes. El país es cuando un lugar no se ha logrado constituir, ha tenido que vivir constantes zozobras, como fue el caso de Colombia con el narcotráfico y, después, con la guerrilla. Esto hasta que apareció Uribe y la construcción en nación de Colombia, esto a partir de distintas interpolíticas, destacando el término del narcotráfico.
Por otro lado, creo que al mismo Uribe no le conviene que su nación cambie la Constitución y lo legitime nuevamente. No por que sea malo para el propio país, sino por que es malo para el propio nombre de Uribe, ya que se ligará gratuitamente a algo común que está sucediendo en Sudamérica, que es el sistema presidencialista que rige fuertemente en nuestro continente. Y es en este aspecto que Uribe debería arrepentirse en su idea de cambiar la Constitución, ya que se legitimaría como lo ha hecho en Venezuela su enemigo público, Hugo Chávez. Con eso daría espacio para que todos los medios de comunicación le dieran como bombo en fiesta y terminaría siendo el hasme reír del continente en vez de ser una figura a seguir.
Estos son los dos argumentos que presento; no se si la conveniencia o no conveniencia es un tema que se tenga que analizar, lo que sí creo es que ambas partes, tanto Colombia como su presidente Uribe tienen mucho que perder y mucho que ganar, por lo que no es una decisión fácil de tomar para ninguna de las dos partes.
Apurado de nuevo, un cosa es escribir corto y otra absolutamente opuesta es hacerlo ràpido y sin mayor cuidado.
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